Estaba Rodrigo listo para emprender su viaje, había metido muchas cosas en su maleta, era de por sí muy escrupuloso y organizado, cada cosa muy bien empacada normalmente con papel burbuja previniendo algún daño. Como hacía en su trabajo llevaba siempre una lista de chequeo, evitando que algo importante o que amaba se llegara a quedar, su maleta pesaba y estaba realmente llena.

Pidió un taxi hacia el aeropuerto y le fue difícil subirla y luego le fue difícil bajarla, cuando llegó al counter, la funcionaria de la aerolínea le dijo:
—Sr. Soto la maleta tiene exceso de peso, podría subirla pero cada libra del peso adicional tendría un costo de…
—No, no quiero saberlo, no puede ser que tenga que pagar por llevar solo lo necesario para mí, debe haber un error, volvamos a pesarla.
Rodrigo subió la maleta una y otra vez y siempre arrojaba el mismo resultado.
—Señor Soto tal vez si usted decidiera dejar algunas cosas, se haría la vida un poco más fácil — dijo la funcionaria.
—¿Qué me está insinuando? ¿Que deje lo que necesito aquí listo para que ustedes los boten a la basura? Esto es inaudito, voy a interponer una queja, este es un pésimo servicio.
—Señor Soto, yo solo le estoy haciendo una sugerencia, porque de lo contrario deberá pagar el costo adicional— respondió la funcionaria
—Si ya lo sé, no tiene que repetírmelo.
Rodrigo se hizo a un lado y abrió lentamente la maleta. Empezó sacando una cosa redonda empacada como todo lo demás en papel burbuja. Mientras la desempacada pensaba “esta bola de boliche me la gané en un torneo cuando era adolescente. Yo creo que sacándola aliviana el peso”.
—Señorita, estoy listo, ya saqué cosas muy pesadas.
Rodrigo puso la maleta en la báscula.
—Pero señor Soto, usted no sacó nada, apenas retiro un gramo.
—Debe haber algún error todo lo que saqué es muy pesado.
De nuevo se hizo a un lado y sacó un trofeo de bronce que se había ganado de niño en la escuela, una marimba que le había regalado su padre antes de morir y una caja de herramientas que nunca dejaba, pues él procuraba arreglar cualquier daño que se presentara en su casa, no aceptaba a nadie metiendo mano en lo que consideraba suyo.
Rodrigo llevó de nuevo la maleta a la báscula.
—Señor Soto solo sacó dos gramos.
—Nooo, ustedes me van a volver loco, ¿quieren que les deje mi vida? No puedo hacerlo.
Otra vez se hizo a un lado, de nuevo abrió la maleta y de allí saco una cosa pequeña, delgada, de forma rectangular y la desempacó. Era el cuadro de una mujer, la miraba con tristeza, se podía ver como sus ojos verdes se aguaban al verla.
—Sonia mi ex esposa.
Dejó el cuadro a un lado y se fue hacia la báscula.
La funcionaria le dijo al tiempo que sonreía:
—Señor Soto, muy bien, ahora sí puede pasar la maleta sin costo adicional. Se nota que sacó algo realmente muy pesado. Bienvenido y buen viaje.

Escrito por: Jeannette Romero

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