
Hay momentos en los que necesitamos decir algo difícil.
Algo nos dolió. No estamos de acuerdo. Queremos expresar lo que pensamos o decirle a alguien algo que probablemente no le guste escuchar.
Y entonces podemos caer en dos extremos: callarnos para no herir o decir lo que sentimos de cualquier manera porque “tenemos derecho a expresarnos”.
Pero entre callar y disparar palabras existe un espacio enorme.
Un espacio en el que podemos aprender a decir.
A veces confundimos hablar con amor con utilizar palabras suaves, mantener un tono agradable o evitar aquello que pueda incomodar.
Pero hay conversaciones amorosas que incomodan.
Hay verdades que duelen.
Y hay momentos en los que decir “esto me dolió”, “no estoy de acuerdo” o “hasta aquí” puede ser mucho más honesto que guardar silencio mientras acumulamos resentimiento.
Por eso, quizá la diferencia no esté solamente en qué decimos, sino también en desde dónde y para qué lo decimos.
¿Quiero comunicar algo o quiero que te duela?
Cuando alguien nos ha herido, podemos tener algo verdadero que decir y, al mismo tiempo, desear que comprenda cuánto nos dolió. Incluso podemos querer que lo sienta.
Pero no es lo mismo decir:
“Lo que ocurrió me dolió y necesito hablar contigo de esto”.
Que buscar las palabras exactas que sabemos que tocarán la herida del otro.
En ambos casos podemos estar enojados.
La diferencia está en si utilizamos nuestras palabras para expresar lo que sentimos o para provocar dolor.
Y decir algo verdadero tampoco nos da permiso para expresarlo de cualquier manera.
Podemos utilizar una verdad para aclarar, acercarnos o poner un límite. Pero también para humillar, castigar o demostrar que tenemos razón.
La verdad de lo que decimos importa.
Lo que hacemos con esa verdad también.

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Aquí aparece el otro extremo.
A veces estamos tan pendientes de no lastimar, de ser comprensivos o de mantener la armonía, que terminamos guardando aquello que necesitábamos expresar.
Entonces cuidar nuestras palabras empieza a significar cuidar a todos menos a nosotros mismos.
Y tampoco se trata de eso.
Hablar con consciencia no significa evitar cualquier incomodidad ni convertir cada conversación difícil en una conversación agradable.
Significa intentar expresar lo que necesitamos sin utilizar deliberadamente nuestras palabras para destruir al otro.
No siempre lo conseguiremos.
A veces hablaremos desde el enojo. Otras veces necesitaremos regresar y reconocer que no supimos expresar bien lo que queríamos decir.
Eso también forma parte de aprender a relacionarnos.
La próxima vez que tengas algo difícil que decir, pregúntate:
¿Qué quiero que ocurra con mis palabras cuando lleguen al otro?
Quizá esa respuesta te ayude a encontrar una manera distinta de expresarlas.
Porque cuidar nuestras palabras no consiste en hablar perfectamente, sino en reconocer que tienen un impacto y que podemos aprender a utilizarlas sin dejar de escucharnos.
Amorízatte · Desde lo más profundo
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