Hay silencios que cuidan y otros que duelen

Hay silencios que nos hacen sentir profundamente acompañados.

Como cuando alguien se sienta a nuestro lado en un momento difícil y no necesita decir nada. Su presencia es suficiente.

Pero también hay silencios que nos hacen sentir solos, incluso cuando la otra persona está a nuestro lado.

Una conversación que se interrumpe de repente.

Una pregunta que nunca recibe respuesta.

Dos personas que comparten la misma casa, pero llevan días sin hablar de aquello que las separa.

Porque el silencio también puede ser una forma de relacionarnos.

No todos los silencios dicen lo mismo

Imagina que llegas a casa después de un día difícil. La persona con quien compartes tu vida nota tu cansancio, se sienta cerca y permanece contigo sin hacer preguntas.

No intenta solucionar nada. Simplemente está.

Ese silencio puede sentirse como un abrazo.

Ahora imagina que has discutido con alguien importante para ti. Intentas acercarte, pero esa persona deja de responderte.

No sabes si necesita tiempo, si está molesta o si espera que hagas algo para recuperar su atención.

Y empiezas a preguntarte qué debes hacer para que vuelva a hablarte.

En ambos casos hay silencio.

Pero uno ofrece compañía y el otro puede dejarnos en la incertidumbre.

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Cuando el silencio se convierte en castigo

A veces dejamos de hablar con alguien esperando que comprenda cuánto nos dolió lo ocurrido.

Quizá pensamos:

Que se dé cuenta de lo que hizo.

Esta vez no voy a buscarle.

Aunque no pronunciamos ninguna palabra, nuestro silencio intenta provocar una reacción.

Queremos que el otro se acerque, se disculpe o experimente algo parecido a lo que sentimos.

Pero quizá esa persona no comprende nuestro dolor. Puede confundirse, sentirse rechazada o responder con otro silencio.

Y aquello que comenzó como una herida termina creando una distancia mayor.

Sin embargo, no todo silencio después de un desacuerdo es un castigo.

A veces necesitamos detenernos, ordenar nuestras emociones o descansar antes de continuar una conversación.

Podemos decir:

“Ahora no puedo seguir hablando de esto. Necesito un momento y después podemos retomarlo”.

No es lo mismo tomar distancia para cuidarnos que utilizarla para mantener al otro en la incertidumbre.

Los silencios que nos van alejando

En algunas relaciones el silencio llega poco a poco.

Dejamos de contar algo porque creemos que no tiene importancia.

Dejamos de preguntar porque pensamos que ya conocemos la respuesta.

Con el tiempo, las conversaciones se reducen a horarios, cuentas y compromisos.

Todo parece funcionar, pero algo de la cercanía se va perdiendo.

Un día descubrimos que sabemos perfectamente qué necesita la otra persona para organizar su semana, pero muy poco sobre aquello que le preocupa, le ilusiona o le entristece.

A veces las relaciones no se distancian por una gran pelea, sino por esas pequeñas conversaciones que dejamos de tener.

Una pregunta para llevar contigo

La próxima vez que aparezca un silencio en una relación importante, pregúntate:

¿Qué está comunicando este silencio entre nosotros?

¿Ofrece compañía? ¿Da tiempo? ¿Expresa una herida? ¿Está creando distancia?

No necesitas llenar todos los silencios.

Algunos merecen ser respetados. Otros necesitan ser comprendidos.

Y quizá alguno esté esperando una palabra sencilla para comenzar a transformarse.

Porque hay silencios que nos permiten estar juntos y otros que terminan alejándonos, aunque sigamos uno al lado del otro.

Amorízatte · Desde lo más profundo

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